Prepotencia recurrente del Sr. Alberto Romegialli Jenny - ( Episodio III )

Recibida por correo electrónico el 14.02.2003

 ( No se ha respondido, ni se responderá )

 

- Este es el Episodio III de una serie que nace del escrito del Sr. Alberto Romegialli publicado en el sitio romanista Apologética.org, el cual puede ser leído aquí.

- Para entender el origen del tema, el Episodio I de la serie puede ser leído aquí, y el Episodio II aquí.

Este Episodio III (y subsiguientes si hubiere) no será respondido, sin perjuicio de que siga publicando aquella correspondencia recibida de parte del Sr. Romegialli que estime conveniente.

Deseo aclarar que no disfruto en absoluto, y hasta lamento, esta exposición. No obstante no callaré ante el ataque directo de prepotentes espíritus romanistas inquisitoriales.

A Jesucristo sea toda la gloria.

Daniel Sapia

14 de Febrero de 2003

 


 

( Las negritas permanentes son del original, los resaltados en rojo son añadidos )

 

De: Alberto Jenny

Para: [email protected]

Fecha: Viernes, 14 de Febrero de 2003 02:47 PM

Asunto: FW: Hay noticias acerca de Usted, don Daniel, y nuevamente no queda impecalbe... etc.

 

Ayer, en el fluido envío «emails» de su parte, Sr. SAPIA, no todos pudieron ser respondidos. Ante su insaciabilidad de respuestas [1] -pues prometíle <en lo razonable>, siempre mi contestación-, heme aquí. Unos profesores, que están preparando una tesis doctoral sobre este intercambio, en permanencia actualizado les tengo- sigilo profesional.

¿Cómo contentarlo, -es una pregunta pertinente- don Daniel?

Rige en este caso la vieja norma “no hay que intentar contentar a los que no se van a contentar” ¿será por picardía, capricho, ficción, fanatismo? ¿Llega a comprender la dimensión anormal en la adicción a escribir, con tal de y cuyo texto “porteñista-bautista” zarandeado queda? No sé si es una picardía propia a obtener beneficios a costa ajena, cubriendo la mala acción con buenas formas, o para poder seguir consiguiendo sus fines; el pícaro quiere mostrar a su víctima que lo ha engañado y burlado, que ha hecho el primo, que ha quedado por encima, aunque esto le cueste no poder continuar la explotación. Hay un elemento poco utilitario, que sacrifica la conveniencia al placer de mostrar que «se ha salido con la suya”. ¡Insatisfacción es!

Este elemento de hostilidad, de agresividad, me parece esencial, y es el revelador del resentimiento que aqueja a este tipo de pícaro, no al «niño inocente». El pícaro no tiene buena idea de sí mismo; siente un profundo descontento de su realidad, no se estima, y procura conseguir algo equivalente a costa del prójimo, mismo bajo calumnia.

El perpetuo mentiroso, el que procura zaherir no desdeña descubrir para pintarse que sabe algo; inventa, teje y copia por todos los medios (fotografías, letras, montajes, periódicos, libros, colages, etc.)  en la insaciabilidad de utilitarismo propio para, a los que no son como ellos –es decir, a casi todos- agredir con charlatanerías, presunción de amabilidad, siendo un gran titiritero, y, sobre temas bíblicos, un decadente volatinero.  El hombre necesita un grado, aunque sea muy modesto, de satisfacción de sí mismo. Por lo menos, de estar «en paz consigo mismo». El indicio más visible y claro es ocuparse sobre todo de otras personas o de cosas que no son «suyas», que no tienen que ver directamente consigo mismo. El que no piensa más que en sí mismo y en lo que le pertenece –o cree que debería pertenecerle- descubre una anomalía, una percepción deformada de lo real, una incapacidad de vivir verdaderamente en el mundo con toda su complejidad y riqueza.

Allí es cuando –sin pitos ni flautas- calumnian, ofenden, dicen…

Dicen estupideces vestidas de angelicalismos que parecen más a textos de las prosas en las murgas porteñas que una reflexión acerca las Sagradas Escrituras bíblicas; siempre en el mismo tenor, sean de las “escolas bautistas, americanistas, iluministas, o de las diosas guarecidas en el Himalaya, o conservadas en una atlántida etérea.

Sr. Sapia, sín mucha fatiga, su celo proselitista apela una acción profesional que Usted sugiere a los demás; un sello fatal que alguna ciencia le podrá sanar, o al menos, aliviar, si aún es tiempo.

Las alteraciones de la percepción son sumamente graves, y casi siempre responden a un malestar de la percepción propia. La vida humana es «transitiva»: parte de sí misma, de su centro, pero se dispara en varias direcciones, hacia personas, cosas, asuntos, problemas, metas. Una persona sana dedica la mayor parte de su atención a lo que no es ella; al hacerlo, claro es, está presente, pero precisamente en la forma de verterse sobre lo ajeno; la culminación de esto es el amor efusivo, lo más precioso que nos es posible. Por eso el hombre sano, incluso cuando es ambicioso, consiste primariamente en sus proyectos. Quiere «hacer» algo, que sea interesante y valioso por sí mismo, aunque lo haga contando con que vierta sobre él alguna –gloria-, cierto resplandor. La escasez o pobreza de proyectos es otro síntoma de anormalidad. Y esto hace que los «propósitos», lo que se proponen los descontentadizos incurables, sea siempre algo negativo, sin contenido propio, casi siempre sin porvenir, una especie de «clausura» sin horizonte. Esta actitud es terriblemente monótona, y por eso fatigosa. Por lo pronto, para el que la padece, porque se mueve en un espacio angostísimo, dando vueltas y vueltas a lo mismo, encerrándose en el propio descontento, sin abrirse al resto de la realidad, sin querer darse ni recibir nada de ella. Al cabo de algún tiempo, se vive en una fantasmagoría que se convierte en lo que podría llamarse una «prisión interna». Y esa fatiga se extiende a los demás, a los que tienen que convivir con los eternos descontentadizos. Ya se sabe lo que van a hacer, lo que van a decir: está previsto, sin esperanza de novedad y sorpresa. Y sin esperanza de cambio, de llevarlos a una visión real y razonable de las cosas. Lo cual no puede tener sino malas consecuencias. Hay un momento en que se siente que ante esa actitud hay que «dejarla por imposible», es decir, renunciar a superarla.

No es fácilmente curable esa disposición de ánimo, que además es contagiosa; puede partir de un núcleo reducido, acaso mínimo, y difundirse, nutriéndose de sí misma. Pero hay que intentarlo siempre, sin descanso. Los estados de sonambulismo pueden tener remedio. En todo caso, y es lo mínimo, no hay que favorecerlos. Creo que una de las causas principales del incremento de estos fenómenos es que se les da excesiva resonancia. Se habla de ellos mucho más de lo que merecen, de lo que su realidad justifica. Cada acto «veros o falsos» de agresividad se publica, comenta, repite, multiplica, y así prolifera. Mientras se calla sobre casi todo lo que es interesante –no digamos si es cordial, generoso, efusivo-, se vuelve morosamente sobre lo que no merece más que silencio; piadoso mientras sea posible, mientras no llegue a un límite que ya no lo permita.

Hay que volver al buen sentido y al «amor justo» del inocente. Hay que atreverse a irradiar la maravillosa luz diáfana y madura, que sobre todo vierte la Sagrada Escritura, enseñada por la santa Madre Iglesia Católica, Apóstólica desde hace 2.000 años.-

Al sufrir de insomnio, leeré sus respuestas, Sr. Daniel Sapia, recordándole que propalar sus conjeturas y falacias, es obra de malvados o de tontos. Ni un terrorista de los de Dostoyevsky tiene el cerebro tan averiado, como el autor de ciertas páginas bautistas, Dios gracias, forzosamente no todas las protestantes, de tal tenor.-

Muy respetuosamente, ardiendo de deseos de no tener que responder [2] burdos atropellos conocidos antes del Paleolítico: A. ROMEGIALLI JENNY, sf.jms, dkef, dlçiuz. [3]

2003-02-14


[1] Dice "fluido envío «emails» de su parte.." cuando lo único que hice fue responder en apenas pocas líneas sendos correos que de él recibiera. Y habla de "..insaciabilidad de respuestas.." cuando solamente le expresé el deseo de que cumpla su vieja promesa de no volverme a escribir... En fin. 

[2] No responda nada, Alberto.. si nunca le pedí respuesta de nada. Con todo respeto le digo, no deja de ser osado de su parte el suponer que, a esta altura, sus respuestas puedan tener algún interés para mi...

[3] Dice "sf.jms, dkef, dlçiuz" No se que significará...(Tal vez... alguna fórmula exorcista, aunque me inclino por un puñetazo al teclado.)

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Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"

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