Mi nombre es Daniel Sapia. Nací en 1959 en Buenos Aires, República Argentina. Estoy felizmente casado con Elizabeth. Mis hijos son: Gonzalo Martín (1987), Verónica Daniela (1997) y Lorenzo Ezequiel (2003) . Soy Analista de Sistemas y Analista Programador y Jefe del Departamento de Control de Gestión de una empresa privada de seguro previsional. Además, junto con Elizabeth y Gonzalo, practicamos buceo deportivo.

Nos congregamos en una Comunidad cristiana en mi querida ciudad de Buenos Aires - Argentina [1]. Y tanto mi esposa como yo hemos obedecido al Señor dando testimonio público de nuestra conversión a través de las aguas del Bautismo.

Bueno, una vez presentado, tengo algo que compartirles:

He nacido en una familia con tradicionales costumbres católicas. He sido bautizado siendo un bebé, he  estudiado el Catecismo en tiempo de mi Primera Comunión (1968); también oportunamente recibí la Confirmación, y desde mi Jardín de Infantes (a los 4 años)  hasta 5° año del secundario (a mis 18 años), asistí a colegios católicos (de los Hermanos de la Misericordia).

Siempre me he considerado una "buena persona", y además en mis estudios obtenía generalmente buenas calificaciones, lo que me sirvió para ganarme una reputación de respeto y consideración, tanto entre mis profesores, como entre mis amigos. No obstante, hasta mis 30 años andaba por la vida como la mayoría de la gente vive actualmente: sin motivación, sin objetivos, sin respuestas; SIN VERDADERA PAZ , deseando... "Suerte..!!", colgando cintitas rojas (por las dudas que "sirvan para algo"), creyendo que tenía el Cielo ganado por ser una persona buena, teniéndole simpatía a cuanta estampita me cayera cerca.. que la virgen tal.. que el santo tal..., y suponía que "cumplía" con Dios yendo a Misa dominical y persignándome al pasar frente a una iglesia. Y que además no estaba tan mal si me acordaba de Él solo cuando necesitaba algo, o me pasaba algo malo. Eso aprendí desde chico, confiado de que, aunque no me quedara muy claro, yo estaba siendo agradable a Dios si hacía lo que la Iglesia (Institución) me indicaba...

Que equivocado estaba... 

Un domingo de 1992, me invitaron a asistir a la celebración de un "Culto Evangélico".

No puedo negar que tomé la propuesta con no poca desconfianza. Durante toda mi vida me habían inculcado que "esos evangelistas" son todos "fanáticos", te "lavan el cerebro" y te "sacan la plata". De todas maneras, yo tenía edad suficiente como para poder evaluar objetivamente cada circunstancia.

Una vez que llegamos al lugar, lo primero que me llamó la atención es no ver un edificio como a los que estaba acostumbrado, con altos campanarios, ventanales de vitreaux, luz difusa y mucha vela. El lugar era un gran salón cubierto, con muchas sillas, y contra una pared una gran plataforma. Cuando entré a ese lugar, sentí que estaba como "en otro planeta", algo distinto a cualquier otro lugar (especialmente a otro lugar "religioso" de los que yo conocía). La paz y la felicidad se respiraban. Sentía un amor extraño en la mirada de la gente (unas 500), lindo, incomparable. Las caras y expresiones de las personas presentes denotaban evidente deseo y satisfacción por estar allí, algo por demás contrastante con los rostros apesadumbrados a los que estaba acostumbrado a ver en las Misas.

Escuchaba la predicación de un señor de saco y corbata que decía cosas reales, ciertas, que me pasaban también a mí y que necesitaba que alguien, alguna vez, me las dijera, para sacarlas a la luz. Este señor hacía referencia continuamente a cosas escritas en La Biblia, libro del cual hasta ese momento yo conocía muy poco. En realidad, nada, pues jamás, en mis 30 años de Católico Romano, alguna autoridad de la Iglesia me había siquiera insinuado la importancia y utilidad de leerla, mucho menos de estudiarla, meditarla, discernirla. Escuchaba al predicador con un interés insospechado. Este predicador hablaba de Dios, con una autoridad notable que no venía ni de un acento "latinizado", ni del retumbe de su voz en alguna abovedada construcción, ni de su atuendo o escenografía, sino que provenía de LA FUENTE que empleaba como base de su enseñanza: Las Sagradas Escrituras.

Sentí una necesidad tremenda de volver otro día y seguir escuchando sus mensajes. Algo me decía "...tenés que estar allí, ese es el camino, esa es la verdad...". A partir de ese momento se comenzó a correr el velo que tenía delante de mis ojos, empecé a entender un montón de cosas y empecé a sentir que estaba vivo de verdad.

Acepté al Señor Jesucristo como mi único y suficiente Salvador y en mi vida comenzaron a pasar cosas realmente sorprendentes, nuevas, hermosas.

Comencé a organizarme de otra manera. A tener otras prioridades. A disfrutar las cosas sencillas y a ignorar las superfluas, aquellas que la sociedad nos impone y por las cuales corremos durante gran parte de nuestra vida, sin saber para que. Mi situación económica prosperó a niveles nunca sospechados por mi. El amor que había crecido adentro mío, era tan grande, que sucedieron cambios hasta en mi comportamiento. Veía con desagrado decir palabras groseras, no necesité seguir apostando dinero en juegos de azar. Sin darme cuenta dejé de fumar. Comencé a tener objetivos. Y fundamentalmente, comencé a vivir en paz. La brújula de mi vida estaba tomando el rumbo correcto, el que siempre debió tener. Ese rumbo correcto está claramente señalado en el "manual del fabricante de los seres humanos": La Biblia.

La persona que alguna vez me invitó a un "Culto Evangélico" es Elizabeth, mi esposa, a quien amo con todo mi corazón y a quien le voy a estar infinitamente agradecido por aquella primera invitación.

Pero tengo bien en claro que el que hizo la obra fue Jesucristo, el que me perdonó todos mis pecados fue Jesucristo, el que puso a Elizabeth en mi vida fue Jesucristo, el que murió por mis pecados Y LOS TUYOS fue Jesucristo y el que por gracia me regaló la felicidad eterna fue JESUCRISTO.

Por tal motivo mi gozo y mi agradecimiento hacia El no tiene límites. Y como hijo suyo me reconforto sirviéndole, desarrollando esta página Web, una forma más de predicar el Evangelio, ofrenda insignificante comparado con lo que El hizo por mi.

No importa quien seas, o qué hayas hecho, o qué edad tengas, o cuán religioso supongas que seas. Arrepentite de tus pecados y pedile de corazón que gobierne tu vida. El Señor Jesús, en su infinito amor, está esperando tu arrepentimiento para darte el regalo mas valioso que te puedas imaginar: sencillamente... UNA NUEVA VIDA. Así fue conmigo ¿por qué no podría suceder también contigo?

Si aún no lo has hecho... ¿deseas abrirle la puerta de tu corazón a Jesús...? Te aseguro que nunca nada volverá a ser igual... VEN

" Si alguno está en Cristo nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, he aquí, todas son hechas nuevas..."

         QUE DIOS TE BENDIGA

Daniel Sapia

 

  - Artículo relacionado: ¿Cómo nacio este sitio web?

 

[1] Nuestra identidad en Cristo no depende de la Comunidad o denominación eclesial en la que con mi familia nos congregamos. Nos consideramos Cristianos. Lo verdaderamente importante es cuál sea el Fundamento de la Iglesia / Congregación (Jesucristo) y la fuente de doctrina referente a la fe y prácticas (La Biblia). He tenido la gracia de compartir cultos de alabanza y adoración con otros Hermanos en diversas Denominaciones, y me he sentido verdaderamente "en casa", en familia, en un mismo espíritu. Es más, las veces que he tenido el honor de ser invitado a predicar desde un púlpito, fue en comunidades de variada denominación cristiana. "Una Fe, un Señor, un Bautismo..."


ÍNDICE

Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"

Apologética Cristiana - ® desde Junio 2000

www.conocereislaverdad.org