Reprender por Amor

por Maripaz Cala Lorenzo

 

Esta reflexión no pretende excusar aquellas actitudes propias o ajenas, que bajo la bandera de servir a Dios, ofenden verbalmente al lector con palabras malsonantes o hirientes hacia su persona; mi intención con este escrito, es afirmar con la Palabra de Dios que reprender y predicar la verdad, puede parecer a los ojos de algunos, falta de amor o caridad, y ser precisamente todo lo contrario.

Hablar a los demás de lo que Dios dice en Su Palabra, siempre es en obediencia al Señor y producirá reacciones adversas, cuando la propia Palabra y el Espíritu Santo está redarguyendo al lector de su pecado; pero esto es amar a Dios sobre todas las cosa y al prójimo como a ti mismo.

  

¿Cómo amamos a Dios sobre todas las cosas?

la respuesta es obvia: obedeciéndole, y Él nos dice en Su Palabra, de boca del apóstol Pablo:

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad" (2 Timoteo 2:15-16)

...es decir, que para ser un buen obrero del Señor, hay que usar bien la Palabra de verdad y evitar profanas y vanas palabrerías. Hemos pues de procurar hablar más con la Biblia, que con nuestras palabrerías, y si son nuestras palabras, que éstas tengan un total respaldo bíblico y "redargüir, reprender y exhortar con toda paciencia y doctrina" (2 Timoteo 4:1-2)

Ahora, establezcamos las bases sobre las cuales hemos de exhortar, reprender y redargüir con AMOR al prójimo; veamos como es el amor, según la Palabra de Dios:

"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta"
(1 Corintios 13:4-7)

Cada una de estas definiciones, es en sí un reto para el cristiano y hemos de procurar que nuestras exposiciones estén llenas de esas definiciones al decir la verdad, al predicar el evangelio de Cristo, pero siempre diciendo como Pablo: "¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?" (Gálatas 4:16).

En España tenemos un refrán que dice: "Con las verdades, se pierden las amistades". Si yo digo la verdad y con ello te estoy ofendiendo, ¿no será quizá que mi sinceridad ha chocado con tu falsedad, y al quedar tu en descubierto, tu orgullo te hace reaccionar en contra mía...? Cuanto más, si son verdades espirituales, que ponen en evidencia tu pecado y es el Espíritu Santo, Dios mismo, quién te está pidiendo una respuesta. Además, has de saber algo, y es que Dios me va a demandar sobre lo que yo te haya dicho y sobre lo que te he dejado de decir, lee atentamente estas palabras:

"Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma" (Ezequiel 3:17-21)

  

Otro problema ...

... que se nos presenta con frecuencia es la definición de enemigo en la lucha espiritual; muchos, al defender las enseñanzas de Cristo pierden de vista quién es su enemigo, y los receptores del mensaje, también creen ser el objeto del odio y por lo tanto, enemigos del que habla; esto, debiera de quedar claro desde el principio e implícito en el mensaje, y es tarea del emisor, no dar lugar a malos entendidos.

"Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes" (Efesios 6:12)

Por si no queda suficientemente claro, los enemigos del creyente, no son seres humanos, sino los demonios que operan en las tinieblas, y que incitan a los hombres a pecar y a rebelarse contra Dios y Su Palabra, aunque muchas veces, los hombres seamos conscientes de que estamos siendo manipulados por esas huestes de maldad, engañándonos a nosotros mismos bajo la apariencia de falsa piedad.

   

¿Es lícito para un cristiano discutir sobre doctrinas?

la Palabra nos da ejemplos de que sí, siempre que lo hagamos respetando las normas de Dios:

"Y (Pablo) discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos. Y cuando Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo estaba entregado por entero a la predicación de la palabra, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles". (Hechos 18:4-6)

En definitiva, se puede y se debe reprender y exhortar, incluso discutir o debatir, sin llegar a caer en el pecado, con la tranquilidad de hacerlo para la gloria de Dios, pero en amor y con paciencia; pidiendo al oyente que no confunda amor y benignidad, con hablar toda la verdad que Dios expresa y revela en Su Palabra, por muy dura que esta sea. Y que entienda que si se siente ofendido, será probablemente porque Dios está hablando a su corazón. Si a pesar de todo, hablándole con amor y sin ofensas personales, no entiende, sólo resta decir como Pablo: "Por tanto, yo os protesto en el día de hoy, que estoy limpio de la sangre de todos; porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios". (Hechos 20:26-27)

 

Maripaz
Diciembre 8 de 2000


Daniel Sapia - "Conoceréis la Verdad"

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